Si tienes hijos, probablemente no necesite explicarte cómo se siente el final de curso.
Festivales, excursiones, cumpleaños, reuniones, regalos para profes, búsqueda de campamentos, cuadrar horarios de verano, intentar cerrar asuntos pendientes en el trabajo antes de las vacaciones… y todo ello mientras sigues ocupándote de las tareas del día a día.
Junio tiene algo peculiar: parece que de repente se acumula todo.
Y en medio de todo eso, muchas parejas empiezan a notar más tensión, más discusiones y menos conexión. No porque hayan dejado de quererse ni porque tengan una mala relación, sino porque están agotadas.
Cuando sobrevivir se convierte en el objetivo
A lo largo del curso vamos acumulando cansancio sin darnos cuenta. Nos acostumbramos a madrugar, a correr, a coordinar horarios, a resolver imprevistos y a llegar a todo como podemos.
Pero junio suele actuar como una especie de examen final para las familias: los niños están más cansados, los padres también. Las rutinas empiezan a desordenarse, el calor aumenta la irritabilidad, y las exigencias laborales continúan.
Además de repente parece que hay que tomar decenas de decisiones importantes en muy poco tiempo: ¿campamento o abuelos?,¿quién podrá recoger a los niños?, ¿cómo nos organizamos en agosto?,¿quién pide vacaciones primero?,¿llegaremos a todo?
Cuando estamos en modo supervivencia dejamos de funcionar desde la calma y empezamos a hacerlo desde la urgencia. Y eso inevitablemente afecta a la relación de pareja.
Lo curioso es que muchas veces la pareja no percibe el problema como tal. Simplemente sienten que están más tensos, más irritables, más desconectados y empiezan a discutir por cosas aparentemente insignificantes: una compra olvidada, un mensaje que no se respondió, un retraso, un comentario mal interpretado.
Sin embargo, el problema rara vez está en ese hecho concreto. Lo que suele haber detrás es cansancio acumulado.
Señales de que nos estamos alejando
Algunas señales que conviene observar porque reflejan que el distanciamiento empieza a asentarse en la pareja son:
- Solo hablamos de logística. Las conversaciones giran exclusivamente alrededor de los niños, los horarios, las tareas pendientes o la organización del verano. Hace tiempo que no hablamos de cómo estamos.
- Nos irritamos con facilidad. Comentarios que en otro momento pasarían desapercibidos generan enfados o discusiones.
- Dejamos de buscarnos. No hay espacio para compartir, abrazarse, reír juntos o simplemente hablar sin interrupciones. Pensamos que ya hablaremos cuando pase esta etapa, y sin darnos cuenta vamos aplazando la relación una semana más, y otra y otra.
¿Cómo priorizarnos en medio del caos de junio?
No se trata de reservar un fin de semana romántico ni de organizar una cita perfecta. La mayoría de las parejas con hijos pequeños no necesitan grandes gestos. Necesitan pequeños momentos de conexión. Momentos realistas.
- Hagan una pausa de diez minutos. Diez minutos, sin móviles, sin television, sin hablar de organización, solo para preguntarse: ¿cómo estás?¿qué está siendo más difícil para ti estos días?¿qué necesitas de mí?
A veces una conversación breve puede generar más conexión que una cena entera.
- Recuerden que son el mismo equipo. Cuando estamos estresados es fácil caer en la sensación de que el otro no ayuda suficiente o no entiende lo que estamos viviendo. Recuerden que el problema no es la pareja, es todo lo que están intentando mantener.
- Rebajen expectativas. No todo tiene que salir perfecto, ni en casa, ni en el cole, ni en el trabajo, ni en la pareja. Y está bien. A veces el objetivo simplemente es mantenerse conectados durante una etapa exigente.
- Introduzcan pequeños rituales. Un café juntos por la mañana, un abrazo al llegar a casa, cinco minutos antes de dormir, un mensaje durante el día. Todo esto son pequeñas anclas que ayudan a que la relación no desaparezca entre las obligaciones.
- Pregúntense qué necesita la relación este verano. Muchas parejas dedican horas a organizar las vacaciones de los niños, pero no dedican apenas unos minutos a pensar en la relación.
Antes de que termine junio, háganse una pregunta: ¿Qué necesita nuestra relación este verano? Quizá la respuesta sea más tiempo juntos, más descanso, más conversación, más intimidad, más ayuda…lo importante es empezar a mirar hacia ello.
El final de curso es intenso. Y es normal que haya días en los que sientan que simplemente están sobreviviendo. Pero precisamente en esos momentos conviene recordar algo importante: la relación no suele deteriorarse por una gran crisis, muchas veces se desgasta por una acumulación de pequeñas desconexiones.
Por eso, antes de que empiece el verano, les invito a hacer una pausa, levantar la vista de las listas, los horarios, los festivales y las tareas pendientes y preguntarse: ¿Cómo estamos nosotros?
Porque los niños necesitan muchas cosas. Pero una de las que más necesitan es crecer viendo que sus padres siguen siendo pareja además de padres.



