¿Mi pareja o mi compañer@ de piso?

Las muestras de afecto ¿las grandes olvidadas en las relaciones de larga duración?

Las muestras de afecto son un elemento fundamental de las relaciones de pareja, tanto las verbales como las no verbales. Pero ¿realmente se le da la importancia que debería tener en la relación o las damos por sentada cuando la relación se vuelve estable y duradera? 

Suele ocurrir que las muestras de afecto pasan por tres etapas que van de la mano de la evolución de la pareja: el noviazgo, la estabilidad y la larga duración.

Etapa de noviazgo. En esta etapa las muestras de afecto están muy presentes y es como que el cuerpo nos pide hacerlas. Son muy comunes frases del tipo “te echo de menos”, “qué ganas de volver a verte”,”qué guap@ estás”,”me encanta hablar contigo”, es decir, predominan los elogios, los cumplidos y las gratificaciones. Por otro lado, nos encontramos en una etapa en la que abundan las miradas de complicidad, las caricias porque sí, las cosquillitas, “los aquí te pillo, aquí te mato”, los abrazos inesperados, las ganas de seducir al otro, y en definitiva los gestos y las conductas que expresan afecto, cariño, interés y atracción sexual. 

Pareja estable. Toda esta expresión de afecto y amor suele ir perdiendo intensidad a medida que la pareja va conociéndose. La relación se va volviendo cada vez más estable, más segura y la confianza que hay entre los dos va en aumento. No se pierden las ganas de seducir, no se pierden las ganas de estar el uno con el otro, no se pierde la atracción sexual. Todo esto sigue presente, pero se vive de manera menos intensa y con más seguridad. En esta etapa se suelen plantear las primeras decisiones importantes como pareja: vivir juntos, casarse o no, tener una familia o no…todas las decisiones que terminarán determinando el futuro de la pareja. Dependiendo de qué camino vayan decidiendo tomar, su día a día se irá complicando de una manera o de otra, pero ya no se vivirá la relación de la misma manera que la etapa anterior. Si hay nacimiento de hijos, la pareja suele pasar a un segundo plano para volcarse en los bebés, y con ello las muestras de afecto entre ambos pasan poco a poco y casi sin darse cuenta, también a un segundo plano. Si no hay hijos, el tiempo dedicado al trabajo, al crecimiento personal de cada uno, o los planes sociales, entre otros, pueden ir mermando el tiempo y la importancia de estar solos, y con ello las palabras, los gestos y las conductas de afecto entre ellos.                                                                                                        Todo está bien en esta etapa, no tiene por qué haber problemas en la pareja, más allá de las complicaciones del día a día y de que el tiempo disponible ya no es solo para ellos, sino que se debe compartir. Aunque siguen existiendo palabras de deseo, de afecto, cumplidos, atracción sexual, no se dan ni con la intensidad ni con la frecuencia de la etapa anterior. Y esto se empieza a normalizar en la pareja, se entiende como natural de esta etapa.

Pareja de larga duración. La relación es sólida, estamos seguros al 100% de nuestra pareja. Sabemos que nos quiere y nos apoya y que el otro sabe que le queremos y le apoyamos. Pero ni lo demostramos ni nos lo demuestra. ¿Para qué? Ya lo sabemos y nuestra pareja lo sabe también.  Además, no tenemos tiempo. Entre las extraescolares de los niños, el estrés del trabajo, las obligaciones familiares, las rutinas, el cansancio, etc., no podemos pararnos a darnos un abrazo, a decirnos un “te quiero” o un “cómo te he echado de menos hoy”, además, nuestra pareja ya lo sabe. Tampoco un “qué guap@ vas hoy” o “qué bien has hecho esto” o “cómo me gusta cuando hace los otro” … si es que por eso nos enamoramos de él/ella, ¡nuestra pareja ya lo sabe! En esta etapa, muchas veces las expresiones de afecto hacia el otro pasan a ser inexistentes porque damos a nuestra pareja por sentada. El día a día se complica tanto que no hay tiempo (y a veces ni ganas) de expresar con gestos o con palabras el afecto, amor, atracción, etc., lo que sentimos por otro. Nos justificamos en la creencia de que el otro ya lo sabe y en la seguridad que sentimos en nuestra relación. Sin embargo, la relación corre el riesgo de volverse más una relación de buenos amigos o de compañeros de piso, que de pareja. Como pareja nos vamos desconectando poco a poco.

¿Hasta qué punto por el hecho de tener una relación segura, estable y de confianza, podemos comportarnos como si ya no fuera necesario expresar al otro que le queremos, que nos gusta, que nos atrae sexualmente, que es nuestro apoyo, etc.? 

Desde mi punto de vista, no es lo más recomendable. Las muestras de afecto en la pareja son muy importantes y deben estar presentes independientemente de la etapa por la que se encuentre pasando la relación. Cuando nos seguimos preocupando por expresar al otro lo que lo queremos, lo que sentimos, lo que nos gusta, lo que nos sigue atrayendo; cuando nos preocupamos por reconocerle sus logros, lo que supone su apoyo para nosotros o lo que nos aporta, indirectamente esto sigue alimentando la relación como pareja y la conexión más íntima entre los dos. Cuando uno recibe palabras y gestos de afecto se va acercando al otro, siente que necesita devolverlas, le sigue apeteciendo compartir todo con ella/él y se esfuerza porque siempre haya un ratito para estar solos, para intimar, para hablar, para ver una peli abrazados, etc. Y poco a poco se va entrando en un círculo virtuoso donde a pesar de las dificultades del día a día, de las rutinas y del estrés, esas ganas del otro en todos los sentidos siguen estando presentes.

¿Pero esto es fácil? No, para nada. Era fácil. Era fácil antes, cuando éramos novios y nuestra vida era más sencilla y además disponíamos de todo el tiempo que queríamos para pasarlo con el otro. Nadie corría detrás nuestra así que si queríamos quedarnos un sábado entero en la cama nos quedábamos, si queríamos salir a cenar juntos salíamos sin pensar en nadie más que en nosotros, y si queríamos irnos de finde romántico nos íbamos sin mirar atrás. ¿Cómo no iba a ser fácil mantener y alimentar esa conexión íntima entre los dos? 

Ahora no es tan fácil. Ahora tenemos mil cosas en la cabeza como para encima tener que preocuparnos de decirle al otro que lo quiero, que me hace bien, que me gusta, que me aporta…Sí, es difícil. Pero es posible. Es posible y altamente recomendable para mantener una relación viva, en la que haya disfrute, diversión, complicidad y pasión, mucha pasión. Solo hay que querer, tener ganas y priorizar. Bueno, dependiendo de cuál sea nuestro punto de partida también hay que esforzarse y mucho. Pero el resultado compensa tanto que el esfuerzo deja de ser tal para convertirse en disfrute y placer.Pero y ¿cómo lo hago? Ahora que vivimos como compañeros de pisos ¿cómo empezamos a volver a conectar como pareja? Pues poco a poco, no hay milagros. Empieza con cosas que no requieran tiempo y que aunque parezcan insignificantes pueden cambiar el día del otro: un” qué guap@ vas hoy a trabajar”; un wasap de media mañana con un “te quiero” o un “ te echo de menos” o un “se me ocurren mil cosas que te haría si estuviera a tu lado”; unas caricias o cosquillitas mientras veis esa serie de por la noche; un abrazo cuando volvéis a encontraros en casa, un beso de buenas noches ya en la cama, etc. Tú mejor que nadie sabes qué te gusta, qué te atrae, qué te encanta y qué te apetece del otro. Sólo tienes que mostrárselo.

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