Cuando los hijos se van… ¿queda todavía una pareja?

El síndrome del nido vacío empieza mucho antes de que tus hijos se vayan de casa

Hay una escena que se repite con más frecuencia de la que imaginamos: una pareja lleva más de veinte años criando hijos y durante todo ese tiempo han hecho un gran equipo. Han organizado horarios, llevado a los niños al colegio, preparado cumpleaños, ayudado con los deberes, cuidado enfermedades, extraescolares, adolescencia, exámenes, primeros trabajos…Y un día, casi sin darse cuenta, la casa se queda en silencio, los hijos empiezan a hacer su vida.

Y entonces sucede algo que nadie esperaba: la pareja se queda sola y descubre que hace mucho tiempo que dejó de ser pareja. No porque haya dejado de quererse, sino porque, dejaron de mirarse.

¿Qué es realmente el síndrome del nido vacío?

El síndrome del nido vacío hace referencia al conjunto de emociones que aparecen cuando los hijos abandonan el hogar familiar: tristeza, sensación de pérdida, nostalgia, vacío e incluso cierta desorientación. Después de tantos años dedicados a cuidar de ellos, es normal preguntarse:»¿y ahora qué?»

Ahora bien, desde mi experiencia trabajando con parejas, creo que muchas veces el verdadero problema no es que los hijos se marchen, sino descubrir que hace años que la relación también se fue apagando porque durante mucho tiempo toda la energía estuvo puesta en ser padres y muy poca en seguir siendo pareja.

En mi opinión, el origen del síndrome del nido vacío no está cuando los hijos se van, está cuando los hijos llegan. Con la llegada de un hijo cambia absolutamente todo: cambian los horarios, las prioridades, el cansancio, la logística, la forma de relacionarnos, la manera de disfrutar del tiempo libre…y eso es completamente normal.

El problema no está en que los hijos pasen a ocupar un lugar muy importante sino en que dejamos de reservar un lugar para ese “nosotros” y le damos todo nuestro espacio a nuestros hijos: poco a poco dejamos de salir solos, las conversaciones empiezan a girar únicamente alrededor de los niños, las decisiones también, las escapadas desaparecen, la intimidad se reduce, las muestras de cariño se espacian y  casi sin darnos cuenta empezamos a funcionar como un super equipo de organización familiar… pero dejamos de alimentar la relación que dio origen a esa familia.

Esto no ocurre de un día para otro, sucede muy despacio. Tan despacio que muchas parejas ni siquiera son conscientes de ello.

¿Cómo se manifiesta el síndrome del nido vacío en la pareja?

Cuando los hijos se marchan, muchas parejas esperan reencontrarse porque piensan: «ahora tendremos más tiempo.» Y es cierto, lo tienen. Pero muchas veces no saben qué hacer con él.

Más a menudo de lo que creemos, se dan situaciones como:

  • Sentirse incómodos estando los dos solos.
  • No encontrar temas de conversación.
  • Descubrir que apenas comparten aficiones.
  • Tener la sensación de convivir con un desconocido.
  • Salir a cenar y hablar únicamente de los hijos.
  • Evitar pasar tiempo juntos porque resulta extraño.

Y es entonces cuando nos damos cuenta que no tenemos claro qué nos enamoró de la persona que tenemos al lado, qué tenemos en común, qué compartimos, cómo nos divertimos juntos,…y entonces nos sentimos solos, tristes e incluso desorientados en esta nueva etapa de nuestra vida.

Sin embargo esto se puede evitar y además, no hace falta esperar a que los hijos crezcan. De hecho, cuanto antes empecemos a cuidar la relación, mejor.

La relación de pareja necesita exactamente lo mismo que cualquier otra relación importante: tiempo, atención, cuidados…no necesita grandes gestos, solo pequeños hábitos repetidos con frecuencia.

No se trata de salir todos los fines de semana, ni de hacer escapadas constantemente. Se trata de no dejar de elegirse en mitad de la crianza.

Cuatro maneras de evitar el síndrome del nido vacío.

  1. Recuerden que antes de ser padres fueron pareja. La familia nació porque un día hubo dos personas que decidieron construir un proyecto juntos. Ese vínculo sigue vivo, no desaparece porque lleguen los hijos. Necesita seguir siendo cuidado.
  2. Hablen de algo más que de los niños. Parece una tontería pero no lo es. Pregúntale cómo está, qué le preocupa, qué ilusión tiene, qué libro está leyendo…vuelvan a tener conversaciones de pareja.
  3. Busquen pequeños espacios para ustedes. Muchas parejas piensan que necesitan un fin de semana romántico y si no pueden hacerlo, no hacen nada. Sin embargo, diez minutos al final del día pueden cambiar muchísimo una relación: un café juntos, un paseo, un vino cuando los niños se duermen, una conversación sin móviles. No es la cantidad de tiempo. Es la calidad.
  4. No dejen que toda su identidad sea ser padres. Ser padre o madre es una parte maravillosa de su vida pero no toda. Sigan cultivando su identidad individual y  también la de pareja. Un día los hijos construirán su propio camino y ustedes seguirán ahí.

¿Y si ya están viviendo el nido vacío?

Lo primero que quiero decirte es que no todo está perdido. Muchas parejas sienten miedo cuando descubren la distancia que existe entre ellos, pero esa distancia no significa necesariamente que el amor haya desaparecido. Muchas veces significa simplemente que lleva demasiado tiempo sin cuidarse.

Una relación también puede reconstruirse. Eso sí, necesita intención, paciencia y aceptar que van a conocerse de nuevo. Sí, conocerse de nuevo porque ninguno de los dos son la misma persona que hace veinte años.

Quizá ahora disfruten de cosas diferentes, tengan otros ritmos, otras prioridades, otros sueños…Y eso no es un problema, puede convertirse en una oportunidad para volver a elegirse desde quienes son hoy.

Empiecen poco a poco: vuelvan a salir solos, recuperen actividades compartidas, interésense de verdad por el otro, hagan planes nuevos, construyan recuerdos nuevos…

Y si sienten que les cuesta demasiado, busquen ayuda. Pedir acompañamiento no significa que la relación haya fracasado, significa que le dan la importancia suficiente como para no resignarse.

Para terminar

Los hijos no necesitan unos padres que se olviden de ser pareja. Necesitan unos padres que les enseñen cómo se cuida una relación. Algún día ellos también construirán la suya y el mejor aprendizaje no será lo que les digan, sino lo que hayan visto en casa.

El síndrome del nido vacío no empieza cuando los hijos hacen las maletas. Empieza el día en que dejamos de reservar un espacio para nosotros.

La buena noticia es que ese espacio puede recuperarse. No importa si sus hijos tienen tres años, quince o ya viven fuera de casa. Siempre es un buen momento para volver a mirar a la persona que tienen al lado y recordar que, antes de ser padres, hubo dos personas que decidieron caminar juntas.

Y quizá hoy sea un buen día para volver a empezar ese camino.

Compártelo

Más artículos

Envíame un mensaje