El poder de decir «no» cuando quieres decir «no»

La palabra que nos cuesta tanto pronunciar, aunque queramos hacerlo.

Curiosamente, muchas personas son capaces de decir “no” en el trabajo, al negociar un contrato, poner límites a un cliente o incluso devolver un producto en una tienda… pero cuando se trata de su pareja, de sus hijos, de su familia o de sus amigos, esa palabra desaparece.

Y entonces aparece otra mucho más peligrosa. El «sí» que en realidad quería decir «no».

Ese “sí” que damos para evitar un conflicto, para no decepcionar, para que el otro no se enfade, para que no piense que somos egoístas, para no sentirnos culpables…El problema es que cada vez que dices un “sí” que no sientes, hay alguien que pierde. Y casi siempre eres tú.

El precio de decir siempre que sí

Al principio parece que no pasa nada. Aceptas hacer ese favor aunque no tengas tiempo, te encargas tú otra vez de recoger a los niños porque «total, da igual», vuelves a cambiar tus planes porque tu pareja lo necesita, aceptas otra comida familiar cuando lo único que te apetecía era descansar, no dices nada cuando algo te molesta porque piensas que no merece la pena discutir.

Pero las emociones tienen memoria, es decir, todo aquello que no expresamos no desaparece, se acumula. Y cuando se acumula demasiado termina saliendo de la peor manera posible: en forma de reproches, de explosiones de ira, de indiferencia o de agotamiento.

Muchas personas creen que discuten por cosas pequeñas: por quién puso el lavavajillas, por quién llega tarde, por quién olvidó comprar leche…pero en realidad, muchas veces no están discutiendo por eso, sino por todos los «noes» que nunca llegaron a decirse.

El «no» también cuida las relaciones

Hay personas que creen que poner límites aleja. 

Yo pienso justo lo contrario. Ahora bien, hay que saber ponerlos.

Los límites sanos acercan porque permiten que el otro conozca quién eres realmente:

  • Si nunca expresas lo que necesitas…¿cómo va a saberlo tu pareja?
  • Si siempre aceptas todos los planes…¿cómo van a saber tus amigos que hoy necesitabas descansar?
  • Si siempre solucionas todos los problemas de tus hijos…¿cómo van a aprender ellos a tolerar la frustración?

Un “no” dicho con respeto no rompe una relación, lo que suele romperla es el resentimiento que aparece cuando llevamos demasiado tiempo diciendo sí.

El “no” dentro de la pareja

Quizá este sea uno de los lugares donde más cuesta decir “no” porque aparece el miedo a decepcionar, a discutir, a que el otro piense que ya no le quieres…

Así que empiezan las renuncias:»no pasa nada, ya voy yo»;»elige tú»;»como quieras»;»no me importa»…

Pero muchas veces sí importa. Importa y mucho. Porque cuando una persona deja de expresar lo que necesita durante demasiado tiempo acaba sintiendo que la relación no la tiene en cuenta.

Una pareja sana no es aquella donde nunca se dice que no, es aquella donde ambos pueden expresar lo que necesitan sin miedo, porque saben que el otro escuchará, aunque no siempre esté de acuerdo.

Y entonces ¿por qué nos cuesta tanto decir no? Cada persona tiene sus propios motivos pero estos suelen repetirse mucho:

  • Miedo al conflicto.
  • Necesidad de agradar.
  • Sentimiento de culpa.
  • Baja autoestima.
  • Creencia de que poner límites es ser egoísta.
  • Pensar que un buen padre, una buena madre o una buena pareja siempre debe sacrificarse.

El problema es que ninguna relación sana puede sostenerse únicamente sobre el sacrificio de una de las partes.

Los beneficios de empezar a decir no

Aunque al principio resulte incómodo, con el tiempo empiezan a aparecer cambios muy importantes cuando empezamos a decir no:

  • Te sientes más en paz porque dejas de vivir contradiciéndote continuamente.
  • Disminuye el resentimiento, porque ya no necesitas explotar porque vas expresando las cosas poco a poco.
  • Mejora la comunicación porque los demás empiezan a conocerte mejor y tú también dejas de esperar que adivinen lo que necesitas.
  • Aumenta el respeto. Curiosamente, cuando una persona pone límites claros suele ser más respetada que quien siempre está disponible.
  • Recuperas tiempo y energía. Cada no que dices a algo que no quieres hacer es un sí para algo que sí es importante para ti: ser descansar, leer, estar con tu pareja, salir a caminar, o simplemente no hacer nada.

Si te cuesta decir no, empieza por aquí

No hace falta pasar de decir sí a todo a convertirte en una persona inflexible. Como casi todo en la vida, decir “no” también se entrena.

  1. Empieza por situaciones pequeñas, por cosas cotidianas y no te justifiques demasiado. Muchas veces un simple:»hoy no puedo» es suficiente. No necesitas elaborar un discurso de diez minutos para que el otro entienda tu decisión.
  2. Habla en primera persona. En lugar de acusar:»es que siempre me lo pides todo» prueba con:»hoy necesito descansar», la diferencia es enorme.
  3. Date unos segundos antes de responder, no contestes automáticamente. Puedes decir:»déjame pensarlo y te digo» eso evita muchos “síes” impulsivos.
  4. Acepta que el otro puede sentirse incómodo. Y no pasa nada. Que alguien se decepcione porque no has accedido a su petición no significa que hayas hecho algo malo. Las emociones de los demás también les pertenecen.
  5. Recuerda que poner límites no es dejar de querer. Es precisamente una forma de cuidar la relación para que no termine llenándose de cansancio, resentimiento y distancia.

Un último pensamiento

Quizá hoy haya algún “no” que llevas tiempo guardando. Tal vez sea una conversación pendiente con tu pareja, quizá un compromiso familiar que ya no puedes sostener, o una petición de tus hijos que sabes que deberías limitar.

No hace falta empezar diciendo cien noes. Empieza por uno. Uno dicho con calma, con cariño y con respeto.

Cada vez que dices un “no” sincero, estás diciendo un “sí” mucho más importante. Un “sí” a tu bienestar. Un “sí” a la honestidad. Y, aunque parezca paradójico, un “sí” a cuidar mejor de las personas que más quieres.

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