Si tuviera que elegir algunas de las frases que más escucho en las sesiones con parejas, probablemente serían estas: «es que debería darse cuenta» , «si me quisiera de verdad, lo vería” o «¿tan difícil es darse cuenta de que necesito ayuda?»
Y lo entiendo. Cuando llevamos mucho tiempo llevando la casa, la crianza, el trabajo y la carga mental, llega un momento en el que esperamos que la persona que tenemos al lado sea capaz de ver lo evidente: que note que estamos agotadas, que necesitamos un abrazo o que se dé cuenta de que hoy no necesitamos consejos, sino alguien que nos escuche.
Pero aquí aparece una de las mayores trampas de la comunicación en pareja: esperar que nuestra pareja adivine lo que sentimos o necesitamos.
Y eso, casi nunca funciona.
El peligro de esperar que el otro adivine
Muchas mujeres llegan a consulta convencidas de que su pareja ya debería saber cómo se sienten. La realidad es que muchas veces la otra persona sí percibe que algo ocurre. Ve que están más serias, que responden con menos paciencia, que están más distantes, pero no sabe exactamente qué está pasando.
Y cuando no lo sabe, interpreta. El problema es que esas interpretaciones rara vez coinciden con lo que realmente necesitamos.
Cuando dejamos de expresar lo que sentimos, empiezan a pasar cosas. Nos frustramos porque la ayuda que esperábamos nunca llega, acumulamos decepciones, aparecen los reproches y poco a poco empezamos a construir una historia en nuestra cabeza: «no le importo», «nunca piensa en mí», «siempre tengo que pedir las cosas»
Pero muchas veces la realidad es mucho más sencilla: no hizo nada porque no sabía que lo necesitabas.
Y cuanto más tiempo pasa sin hablarlo, mayor es la distancia entre ustedes. Porque mientras una piensa «es que debería saberlo», el otro puede estar pensando «no entiendo qué está pasando.»
Nadie puede responder a una necesidad que desconoce
Nuestra pareja no puede acertar siempre, no puede leer nuestra mente no puede interpretar correctamente cada silencio, cada gesto o cada cambio de humor y tampoco debería tener que hacerlo.
Comunicar una necesidad no significa que el otro haya fallado, significa darle la oportunidad de estar ahí.
Cuando expresamos lo que sentimos, dejamos de colocar a nuestra pareja enfrente y la invitamos a ponerse a nuestro lado.
Pero y ¿por qué nos cuesta tanto decir lo que necesitamos?
Curiosamente, no suele ser un problema de comunicación. La mayoría de las veces sabemos perfectamente lo que necesitamos pero nos callamos. Detrás de ese silencio suele haber mucho más de lo que imaginamos: puede ser miedo a parecer exigentes, o a generar una discusión.
También hay mujeres que no dicen lo que necesitan porque sienten que deberían poder con todo. Han interiorizado que ser una buena madre implica aguantar, adaptarse y poner siempre las necesidades de los demás por delante de las propias. Y cuando llevan tanto tiempo haciéndolo, pedir ayuda o reconocer que no pueden más les hace sentir culpables.
Y hay otro motivo muy frecuente: el miedo a mostrarse vulnerables.Decir «necesito que me abraces más», «me siento muy sola» o «echo de menos pasar tiempo contigo» requiere abrir el corazón. Resulta mucho más fácil responder con un «ya da igual» o un «haz lo que quieras» que reconocer lo que realmente necesitamos.
Así que elegimos callar, hacemos como que no pasa nada pero lo vamos acumulando porque la necesidad sigue ahí.
Cada vez que callamos algo que nos duele, que necesitamos o que nos preocupa, vamos llenando una mochila invisible de pequeñas decepciones, de expectativas no cumplidas y de conversaciones que nunca llegaron a tener. Hasta que un día esa mochila pesa tanto que basta una tontería para que todo explote: una toalla en el suelo, un comentario sin intención, o que se haya olvidado de comprar la leche.
Y la discusión parece ir sobre eso… cuando en realidad lleva tiempo gestándose.
Y es entonces cuando aparecen frases como: «es que nunca estás cuando te necesito» , «siempre tengo que pedirte las cosas», “no te das cuenta de nada»…
Lo que ocurre cuando sí lo hablamos
Cuando una pareja empieza a expresar sus necesidades de forma clara y respetuosa, ocurre algo muy bonito: la tensión disminuye, los malentendidos se reducen y los dos dejan de interpretar constantemente lo que el otro piensa.
Y aparece algo muy importante durante la crianza: la sensación de volver a ser un equipo.
Te dejo cinco pequeñas claves para empezar a expresar tus necesidades si todavía no lo haces:
- Hablen antes de explotar. No esperen a estar al límite, cuanto antes expresen una necesidad, más fácil será encontrar una solución juntos.
- Hablen de lo que sienten, no de lo que el otro hace mal. No es lo mismo decir «nunca me ayudas» que decir “me siento muy sobrepasada y necesito que compartamos más algunas tareas.» El mensaje cambia por completo, y también la forma en que la otra persona lo recibe.
- No conviertan las indirectas en una forma de comunicación. Suspirar, responder con monosílabos, esperar que el otro pregunte…son estrategias que pocas veces funcionan. Las necesidades claras generan respuestas claras.
- Den espacio también a la otra persona. La comunicación no consiste solo en hablar, también implica escuchar. Quizá tu pareja también lleva tiempo sintiendo cosas que nunca ha expresado. Cuando uno abre la puerta, muchas veces el otro también se anima a hacerlo.
- Recuerden que están en el mismo equipo. El objetivo no es demostrar quién tiene razón, es entender qué necesita cada uno para que ambos puedan estar mejor. Cuando cambian el «tú contra mí» por el «¿cómo resolvemos esto juntos?», la conversación deja de ser una batalla y se convierte en una oportunidad para acercarse.
Durante la crianza es fácil pensar que lo importante es organizar horarios, repartir tareas o llegar a todo.
Pero hay algo igual de importante: seguir contándose cómo están, cómo se sienten, qué necesitan, qué les preocupa y qué echan de menos.
No esperen a que su pareja adivine lo que sienten. Denle la oportunidad de saberlo. Puede que no siempre tenga la respuesta perfecta, que no siempre sepa cómo ayudar. Pero si conoce lo que les pasa, tendrá algo mucho más importante: la posibilidad de acompañarles.
Y eso, en una etapa tan intensa como la crianza, puede marcar una enorme diferencia.



