Discutir con tu pareja: ¿enemigos o aliados?

Discutir bien es quererse mejor.

Seguro que te ha pasado alguna vez que estás en la cocina preparando la cena y de repente escuchas:»¿Siempre tengo que ser yo quien saque la basura?» 
O peor aún, tras un día largo, llegas a casa y decides leer unos mensajes en el móvil tranquilamente en el sofá y tu pareja te dice: «¿Otra vez con el móvil? Parece que te importa más que yo…» 

Y claro, ahí empieza la discusión. 

Pero, ¿sabes qué? Discutir es normal. Es más, ¡es necesario! Las discusiones en pareja son inevitables porque cada persona tiene su historia, sus valores, su manera de hacer las cosas. Pretender que nunca haya diferencias es irreal. Pero ojo, lo importante no es evitar discutir, sino saber hacerlo bien.

¿Por qué discutir es necesario en pareja?

1. Porque somos diferentes. Venimos de familias distintas, con costumbres y valores que pueden chocar. Lo que para uno es normal, para el otro puede ser impensable.

2. Porque evolucionamos. Lo que nos unió al principio no tiene por qué ser lo mismo que nos mantendrá unidos siempre. Cambiar es natural y eso trae ajustes.

3. Porque hay emociones. Si algo nos importa, nos afecta. Y en pareja, las emociones están a flor de piel. Reprimirlas solo genera resentimiento.

Discutir no es lo mismo que pelear. Y aquí está la clave. Una discusión sana busca entenderse y solucionar, no ganar. La pelea es destructiva, la discusión bien llevada es constructiva. No se trata de «yo tengo razón», sino de «¿cómo podemos resolver esto juntos?».

Por ejemplo, imagina que tu pareja siempre deja los platos sin fregar. Si le dices «¡eres un/a desordenad@! siempre igual, no te importa nada esta casa.» Tienes una pelea asegurada.

Pero si le dices «Me siento agobiad@ cuando llego y veo los platos sin lavar. ¿Podemos buscar una forma de organizarnos mejor con esto?» Tendrás una discusión sana donde encontrarán alguna forma de organizarse que sea buena para los dos.

Algunos errores comunes al discutir.

1. Sacar cosas del pasado: Muchas veces estamos discutiendo sobre algo que ha ocurrido en el presente y terminamos echando en cara cosas que ocurrieron hace un tiempo. Por ejemplo: «Es que siempre haces lo mismo, como aquella vez cuando fuimos a…»

Las discusiones sanas tratan un solo tema que es el que importa en el momento de la discusión. 

2. Generalizar/exagerar: Generalizar los errores de tu pareja no es buena idea porque cierras toda posibilidad de diálogo para solucionar, pones etiqueta y el otro entiende que ya no hay nada que hacer. Por ejemplo: «¡Nunca me escuchas!» o «Siempre llegas tarde.»

Para que la discusión vaya encaminada a solucionar el hecho en sí, tu pareja no debe recibir una acusación tajante sino una puerta abierta a dicha solución. Por ejemplo: “Noto que a veces no me prestas atención cuando te hablo, te ocurre algo?” “Estás retrasándote con frecuencia, estás con algún pico de trabajo?”

3. Hablar desde el ataque: Muchas veces empezamos una discusión atacando o criticando a la persona en lugar de hablar del hecho en sí que nos ha molestado. Esto genera una reacción defensiva en el otro que lleva irremediablemente a una pelea donde los cuchillos vuelan. Por ejemplo, «Eres un/a egoísta, solo piensas en ti y en estar bien tú».

En las discusiones cuyo objetivo es solucionar, es importante hablar desde el sentimiento de cada uno y no atacar a la persona. Por ejemplo, “Me siento agotad@, te parece si vemos cómo organizar el día a día para yo sacar tiempo para mi mism@?

 4. Gritar o insultar: Discutir no consiste en desmontar los argumentos del otro y machacarlo con gritos e insultos. Así lo único que consigues es perder el control y hacerle daño.

La persona que tienes en frente es tu pareja a la que quieres y respetas, así que una discusión debe basarse en tratar de entender las diferencias de opinión del otro, preguntar por sus motivos para pensar de esa manera y proponer soluciones alternativas. La empatía y la asertividad tienen un papel fundamental en una discusión bien llevada. Por ejemplo: “Ahora entiendo por qué piensas así,..””Ahora sé como te sientes”,”Lo entiendo pero, qué te parece si…”

Cómo discutir bien con tu pareja: 6 claves para una discusión sana.

1. Respira antes de reaccionar
¿Notas que te estás calentando? Haz una pausa. Respira hondo. Contar hasta diez no es un mito, ayuda de verdad.

2. Habla de cómo te sientes, no de lo que hace mal el otro
En lugar de: «Eres un/a insensible, nunca me apoyas» prueba con:»Me siento sol@ cuando no muestras interés por lo que me preocupa»

3. Escucha de verdad
No escuches solo para responder. Escucha para entender. A veces, con solo sentirse escuchado, el otro ya se calma. Un truco: repite lo que has entendido: «Entonces, ¿te molesta que no te pregunte cómo te ha ido el día?»

4. No todo se resuelve en el momento
Si el tema se calienta demasiado, propón un descanso: «Estamos muy tensos ahora. ¿Te parece si lo hablamos más tarde con calma?»

5. Busca soluciones, no culpables
En vez de discutir quién tiene la culpa, hay que preguntarse:»¿Qué podemos hacer para que esto no vuelva a pasar?»

6. No olvides el cariño, incluso en la discusión
Un roce en el brazo, un tono más suave, mirarse a los ojos. No olviden que estamos del mismo lado.

Discutir no es fracasar. Es parte de la convivencia, del crecimiento, de la intimidad. Lo importante es cómo se hace. Las parejas que aprenden a discutir con respeto, empatía y cariño, son las que logran relaciones más sólidas y felices. 

Discutir bien es quererse mejor.

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