La líbido no desaparece. Se esconde.

No tengo ganas… pero no es que ya no te quiera. Es que no me encuentro.

Cuando llega un bebé, la sexualidad suele ser una de las primeras áreas que se ve afectada en la pareja. Y no, no es solo una cuestión hormonal o de falta de tiempo. Es una transformación profunda en cómo nos encontramos a nosotros mismos y al otro.

El cuerpo cambia, las prioridades también. El cansancio lo inunda todo. Y muchas veces, sin darnos cuenta, entramos en un espacio incómodo: “quiero volver a tener ganas … pero no sé cómo.”

¿Qué pasa con el deseo cuando somos padres?

Cuando somos padres, el deseo sexual se esconde detrás de muchas capas: 
– El cansancio acumulado.
– La sensación de estar “tocada todo el día” por el bebé.
– El no reconocerse en el cuerpo propio.
– Las tensiones sin resolver.
– La falta de tiempo a solas.
– El resentimiento o la sobrecarga que no se ha hablado.

Y claro… desde ahí, no hay espacio para el erotismo. Porque el deseo no nace de la obligación. Nace del juego, de la conexión, del permiso interno.

El cuerpo pide descanso antes que caricias

A veces confundimos “falta de deseo” con “prioridad de descanso”. Y es lógico. Si no duermes, si no paras, si estás en modo alerta constante, es normal que no tengas energía para conectar eróticamente.

Lo importante no es forzar lo que no sale, sino entender qué está detrás de lo que sentimos.

“No tengo ganas porque estoy agotada” no es lo mismo que “No tengo ganas porque ya no me atraes”

Y ahí está la clave: el deseo no se ha ido, solo está esperando un lugar  para volver.

¿Cómo empezar a reconectar con el deseo?

No se trata solo de “volver a tener sexo”, sino de reconstruir el vínculo erótico desde lo que ahora somos: padres, sí, pero también personas que se siguen eligiendo. A continuación te   doy los 4 primeros pasos que trabajamos en REAVIVA para recuperar el deseo.

1. Reconectar contigo primero

La sexualidad empieza mucho antes del contacto con el otro. Empieza en cómo te habitas a ti misma.
Pregúntate:
– ¿Cuándo fue la última vez que me sentí atractiva?
– ¿Estoy teniendo momentos de autocuidado, presencia corporal, disfrute sin exigencias?
– ¿Me permito volver a mi cuerpo sin juicio?


Recuperar la líbido no es ir directo al sexo. Es volver a ti con amabilidad.

2. Hablen del deseo sin presión

No como un “tenemos que hacerlo ya”, sino como un espacio que quieren recuperar:

“Echo de menos nuestra intimidad, sin prisa ni expectativas.”
“Me gustaría volver a conectar contigo poco a poco.”

Validar lo que cada uno siente, sin convertirlo en culpa, es el primer paso para que algo se desbloquee.

3. Redefinan la intimidad

El sexo no empieza en la cama. Empieza en cómo se miran, cómo se tocan en el día a día, cómo se hablan.

Pequeños gestos como:
– Abrazarse sin que sea “para algo”.
– Darse un masaje sin que haya un “final esperado”.
– Mirarse con ternura.

Esto crea seguridad, relajación… y desde ahí, el deseo puede volver a aparecer.

4. Acepten que el ritmo ha cambiado… y está bien

No van a tener las mismas ganas que antes del bebé. Y no pasa nada. El deseo no desaparece. Solo necesita un nuevo contexto. Más consciente, más lento, más emocional. 

Una propuesta para esta semana

Reserven 20 minutos una noche. Pongan música suave, sin pantallas, sin objetivo. Solo para tocarse, abrazarse, mirarse. Sin expectativas. Solo para estar juntos desde el cuerpo… y ver qué pasa. La intimidad no siempre se construye desde el deseo. A veces el deseo nace de volver a sentir intimidad.

Cuidar el deseo también es cuidar el vínculo. No como una tarea más en la lista, sino como un recordatorio de que aunque ahora sean padres, también siguen siendo amantes.

Y tienen todo el derecho a reencontrarse. Sin prisa. Sin culpa. Con amor.

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